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14.05.2003El asma leve se modifica con una terapia temprana
Asma y apnea del sueño son dos patologías respiratorias cuya prevalencia va en aumento. En Madrid, el asma afecta a más de un 8 por ciento de la población, mientras que la apnea alcanza a doscientas mil personas. Un tratamiento adecuado puede variar el curso de la enfermedad o evitar sus consecuencias más graves.Un correcto tratamiento de la inflamación, origen de la enfermedad asmática, puede conseguir un cambio positivo en su evolución. "Incluso hay casos en los que la patología remite y pasa a formas menos agresivas de asma, como sería la intermitente, que carece de sintomatología diaria", ha señalado a DM Francisco García Río, responsable de los programas de Asma de Neumomadrid y miembro del Servicio de Neumología del Hospital La Paz, de Madrid.
El neumólogo, que ha participado en el congreso que Neumomadrid ha celebrado en la citada capital, ha matizado los tratamientos que se consideran más adecuados para tratar el asma leve persistente. "El primer paso, en el que algunas veces se falla, es contar con un diagnóstico de certeza absoluto para diferenciarlo del asma moderada, por ejemplo. La clasificación se lleva a cabo por la clínica y por la función pulmonar".
Aliviar síntomas
Su tratamiento, al igual que en asmas de carácter más severo, se dirige a combatir la inflamación y la obstrucción mediante el uso de corticoides inhalados, fundamentalmente, y de broncodilatadores, "que en algunos pacientes pueden administrarse conjuntamente. En caso de crisis o de síntomas se suele recurrir a la medicación de rescate basada en broncodilatadores de acción rápida que reviertan los síntomas rápidamente".
Germán Peces-Barba, del Servicio de Neumología de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, ha puesto de manifiesto que la apnea del sueño es una patología de sustrato respiratorio que afecta al 4 por ciento de la población adulta. En España hay un millón de personas afectadas por este síndrome y se calcula que el 25 por ciento de los accidentes de tráfico se relacionan con la apnea y con una de sus principales manifestaciones: la somnolencia diurna excesiva.
"La obesidad, tener un cuello corto y ancho, ser roncador y padecer somnolencia excesiva diurna excesiva son signos muy orientadores de que se pueda padecer esta enfermedad, aunque también puede aparecer en personas con configuración anatómica no alterada".
Secuelas graves
Pero, además, las consecuencias de tener interrupciones de la respiración durante el sueño suelen relacionarse con aumento en la incidencia de hipertensión arterial sistémica, así como de enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. "La disminución del nivel de oxígeno en sangre que provoca la apnea conlleva un aumento de la presión arterial pulmonar que puede derivar en insuficiencia cardiaca derecha. Sin embargo, no hay establecida una clara relación con el tabaquismo", ha concluido el experto.
Fuente: Diario Médico. Abril, 2003.
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